1000 días sin el Bus de Malta

Durante décadas comunicaron todos los rincones de la isla a precios económicos, conformando un papel muy importante en el transporte maltés. Estos vehículos no eran públicos, sino que pertenecían a un particular, el cual decora los exteriores con los típicos colores rojo, naranja, amarillo y blanco y pequeños remates pintados a mano. Su interior estaba adornado con las más variadas excentricidades, muchas veces de temática religiosa y «tuneados» con inesperados aparatos. Poseían una cuerda a lo largo del interior del habitáculo que al tirar golpeaba una campanilla u otro elemento acústico y avisaba al conductor que deseabas detenerte en la próxima parada.

© Eduardo Blanco Mendizabal
© Eduardo Blanco Mendizabal
© Eduardo Blanco Mendizabal

 

© Eduardo Blanco Mendizabal

Formaron parte de la idiosincrasia local, ya que algunos pisaron el asfalto isleño durante más de 50 años y la foto junto a ellos se convirtió en un bonito recuerdo turístico. Su falta de comodidades y adaptación para la gente mayor y discapacitados, provocó la renovación de la flota y seguro que fueron el objeto de deseo de muchos coleccionistas del motor.

© Eduardo Blanco Mendizabal

 

 

 

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