Devoradores de viajeros

Cuando viajamos solemos preocuparnos por las enfermedades contagiosas, los accidentes de transporte o los robos con violencia, pero quizás nos informamos menos de los peligros que puedan causarnos los animales salvajes, en especial aquellos que son capaces de devorarnos.

Hace poco hablé con Julio García Robles que es autor de numerosos libros de divulgación de la naturaleza, así como de novelas de aventuras y me he fijado en uno de sus títulos; Devoradores de hombres.

 

He querido entrevistarlo para que nos cuente cuales son estos animales peligrosos y si existen casos de viajeros en general y fotógrafos en particular, que hayan sido devorados por animales salvajes.

 
¿Cuáles son los animales salvajes capaces de cazar y devorar a un ser humano?

Cualquier superdepredador está perfectamente preparado para acabar fácilmente con una vida tan endeble, lenta y frágil como es la de un ser humano; bien sean un león en la sabana africana o una anaconda en la Amazonia.  Debemos tener en cuenta que solo gracias a nuestra inteligencia y las armas, abandonamos el estatus de presas naturales comunes para muchos carniceros salvajes.

¿Somos una fuente de alimentación habitual para alguna especie en algún lugar concreto o son siempre casos aislados?

Desde luego se dan ambos casos. Ejemplos concretos son el león en algunas zonas de África, donde es normal que mueran devoradas más de 400 personas al año. Otro ejemplo sería el cocodrilo del Nilo, quizás el único depredador que mantiene actualmente con vida a un famoso devorador de hombres: Gustave, con más de 200 víctimas registradas. Como casos aislados podrían destacar especies como el lobo, el leopardo y el tigre, especies que pueden producir episodios de depredación muy severos. O incluso el oso, pues cada vez son más frecuentes sus ataques a causa de la habituación. Sin olvidarnos de las hienas, los dingos, los chimpancés, los babuinos… Por otro lado, cualquier escualo se verá atraído si nos encontramos en sus zonas de caza en un momento inoportuno; especialmente en los casos del gran blanco, el tiburón toro y el tiburón tigre.

¿Debemos temer el ataque de animales salvajes en España?

A causa de la depredación, de entrada, no. Es muy difícil. Pero no es descartable si se dan las condiciones adecuadas para que surja un episodio fatal. En España, la loba de Rante fue el resultado de una gran presión sobre un animal hambriento, con camada y habituado a la carroña de una granja. Cuando los grandes carnívoros se ven sin tierra en la que campear, sin presas salvajes ni recursos con los que alimentarse y acosados al extremo pues pueden resultar muy peligrosos.

animales come hombres
Cocodrilos en Costa Rica    © Eduardo Blanco Mendizabal

 

Conocía el famoso caso del  fotógrafo japonés Michio Hoshino, el cual fue comido por los osos que llevaba tiempo fotografiandolos en la península rusa de Kamchatka ¿Hay más sucesos similares?

Aunque la mayoría de casos de depredación los sufren los indígenas que conviven con estos carnívoros, episodios parecidos de naturalistas, turistas y fotógrafos hay bastantes a lo largo de todo el mundo. Más cuando se confían y pierden ese respeto que todo gran depredador merece. El aventurero, enamorado de África, David Pleydell fue comido por un grupo de leones; el famoso naturalista Timothy Treadwell (Grizzly man) fue devorado, junto a su compañera sentimental Ami Huguenard, por los osos; el conservacionista e investigador Rodney Fox fue atacado por un gran blanco… Y así un largo etc. Cabe destacar la muerte de Vitaly Nikolayenko, que tras fotografiar e investigar durante 25 años el comportamiento de los osos, sufrió un ataque y fue devorado por ellos también en la península de Kamchatka.

¿Cuáles deberían ser las medidas de seguridad a tomar para no formar parte de la dieta de un animal?

Principalmente, no ofrecerse como tal. No hay que olvidar que, hoy en día, los devoradores de hombres los creamos los propios humanos con nuestra negligencia. Luego, hay que seguir las indicaciones de precaución en las zonas donde habitan grandes depredadores y, sobretodo, dejar el romanticismo a un lado y respetar a los grandes carnívoros por lo que son. Si cumplimos estas tres reglas, será muy difícil que visitemos el estómago de cualquier animal hambriento. En este libro hallaréis numerosos ejemplos que nos hablan de la absurda creencia de que todo bicho desaparecerá o huirá ante nuestra presencia, o que incluso respetará nuestra vida en un encuentro fortuito o provocado, como de una forma mística. Y a menudo no es así.

Mientras un depredador vea al ser humano como una presa costosa y peligrosa, el hombre está a salvo. Pero si, por el motivo que fuera, vence ese temor o el hambre empuja, puede vernos como lo que siempre fuimos: posibles presas con las que saciar su apetito. Entonces se convertirá en devorador de hombres.

Y para terminar, como me dijo una vez un buen amigo, ante el ataque de un devorador de hombres, la única alternativa es correr más que tu compañero…

 
 
 
 
 
Título: Devoradores de Hombres
Formato: 14,0 cm. x 21,6 cm. con solapas
Nº de páginas: 196
Encuadernación: Tapa dura con sobre cubierta
ISBN: 978-84-612-1568-3
PVP: 25,00 €
PVP e-book: 3,32 €
 
Libro físico Devoradores de hombres
También está disponible en formato eBook



6 comentarios en “Devoradores de viajeros”

    1. Pues si Ainara, date cuenta que en algunos lugares esto no es noticia, porque es normal que un animal te pueda comer. Este riesgo lo tienen asimilado.

    2. El caso de Michio Hoshino fue una muerte anunciada pues la noche anterior a la tragedia, un gran y viejo oso pardo visitó su zona de acampada y estuvo merodeando alrededor de la tienda. El japonés consiguió echarlo junto con un americano que acampaba junto a él. El americano decidió a la noche siguiente acampar en un lugar más seguro pero Hoshino continúo allí y esa noche ya el oso fue directo y realizó un ataque contundente. Al final se trataba de un viejo macho que impedido por los años para cazar y pescar (cuando sucedió el ataque estaba en pleno auge la migración del salmón por lo que había comida en abundancia) le resultaba más fácil "cazar" a un humano que a un escurridizo pez.

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